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dissabte, 14 de febrer de 2009

Cuando el empleo es inmoral.

"Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio". Esta es la formulación del fin en sí mismo del Imperativo Categórico de Kant.

Está bastante claro, ¿no? según Kant (y muchos otros posteriormente) utilizar a otro (o a tí mismo) como un simple medio para obtener otros fines es inmoral. Esto no quiere decir que no se pueda utilizar a otra persona o a tí mismo como medio para otros fines, lo que es moralmente inaceptable es que se utlilice solamente como un medio, en todo caso la persona utilizada debe ser considerada, además de un medio, un fin en sí mismo.

Cuando el empleado es empleado para obtener otro fin, como un eslabón más de la cadena productiva, y en ningún momento es considerado un fin en sí mismo por el empleador podemos decir que el actuar de éste es inmoral. Si se puede sustituir al empleado por una máquina que pueda hacer lo mismo (excepto vivir) se le substituirá. Si parece que los beneficios económicos están en peligro (o simplemente se quieren aumentar), el eslabón-empleado será amputado bajo el eufemismo de “reducción de costes laborales”.

Lógicamente de lo que se trata entonces es de efectuar un cálculo estratégico-instrumental para encontrar la mejor manera de utilizar los medios de que se dispone para obtener los fines que se persiguen. Cuando una persona pasa de ser considerada un fin en sí mismo a ser empleado, usado, a ser un simple medio, entra como tal en ese cálculo. Sólo así se puede concebir que la constante y machacona propuesta de los representantes empresariales sea la flexibilización de las relaciones laborales, es decir el abaratamiento del despido, o el despido libre, equiparando así a los empleados humanos con los empleados mecánicos. Parar una máquina y ahorrarse los costes de su funcionamiento cuando conviene es gratis, económica y moralmente. Parar a una persona sin una compensación justa podría, si se cumplieran los deseos del empresariado, llegar a salir gratis económicamente, pero desde luego nunca saldrá tan barato moralmente hablando.

dimecres, 11 de febrer de 2009

Estaba Nariz-Partida que decía que todo era injusto; que era cierto que cuando formamos por primera vez la tribu fue una cosa justa privar de su fuerza a aquellos que se servían de ella para perjudicar a la tribu partiendo la cabeza a sus hermanos o robando a sus mujeres. Y ahora, añadía, la tribu no se estaba haciendo más fuerte, sino más débil, porque había hombres con otra clase de fuerza que estaban dañando a la tribu..., hombres que poseían la fuerza de la tierra, como Tres-Patas, o que tenía la fuerza de la trampa de pescar, como Barriga-Chica, o la de la carne de cabra, como Quijada-de-Cerdo. Lo que había que hacer, decía Nariz-Partida, era despojar a estos hombres de su fuerza dañina y obligarles a trabajar como a todos, y no permitir comer a nadie que no trabajase.
Y el Pulga compuso otro cantar sobre los hombres como Nariz-Partida, que querían volver a vivir en los árboles.
Pero Nariz-Partida respondió que no, que él no quería volver atrás, sino ir hacia adelante; que ellos se habían hecho fuertes cuando aunaron su fuerza, y que si los comepeces sumaran su fuerza a los comecarne, se acabarían las luchas y no habría necesidad de vigilantes ni guardianes, y que, trabajando todos, habría tanta comida que cada hombre no tendría que trabajar más de dos horas diarias.
Entonces el Pulga volvió a cantar, diciendo que Nariz-Partida era un holgazán

"Then the Bug sang again, and he sang that Split-Nose was lazy"

Jack London, "The Strength of the Strong "

http://biblioteca.vitanet.cl/colecciones/800/810/813/fuerzafuertes.pdf